
Artículo :Por Melquicedec Rivas
Esta imagen de Santiago Hazim, exdirector ejecutivo del Seguro Nacional de Salud (SeNaSa) y una de las figuras clave del oficialismo en el Partido Revolucionario Moderno (PRM), se ha vuelto viral en las plataformas de opinión pública dominicana. El montaje de un «Antes» y «Ahora» ilustra crudamente el impacto del poder, el ejercicio público y los posteriores procesos judiciales sobre los funcionarios del Estado.
El Espejo del Poder: Reflexión para los Funcionarios Públicos
La política y la administración pública en la República Dominicana suelen percibirse desde fuera como un escenario de privilegios, estatus y control absoluto. Sin embargo, la realidad que devela el caso de Santiago Hazim funciona como un duro recordatorio para toda la militancia y los funcionarios del PRM: el poder es transitorio y la responsabilidad legal es permanente.
- El «Antes»: La Cúspide del Estatus: En la primera fotografía vemos la estampa tradicional de un alto funcionario del Estado: impecable traje formal, sonrisa confiada y el pin institucional grabado en la solapa. Representa el período en el que Hazim dirigía la principal aseguradora de salud del país, rodeado de influencia política, presupuestos multimillonarios y la lealtad que confieren los cargos de alta jerarquía.
- El «Ahora»: La Realidad Judicial: La segunda imagen capta un contraste radical durante sus recientes traslados a los tribunales del Palacio de Justicia. Despojado del traje, vistiendo un casco militar táctico, gafas de lectura y un pesado chaleco antibalas reglamentario para reclusos de alta seguridad, Hazim luce visiblemente demacrado, con un marcado deterioro físico y notables dificultades motrices para caminar.
El Peso Jurídico y Social
Este cambio físico drástico responde a la presión de enfrentar el Caso SeNaSa, un proceso penal liderado por el Ministerio Público bajo acusaciones de presunta corrupción administrativa, coalición de funcionarios y desvío de fondos públicos dentro de la institución. Tras dictársele una medida de coerción de 18 meses de prisión preventiva, el exfuncionario ha tenido que experimentar de primera mano el rigor del sistema penitenciario y el escrutinio social generalizado.
Para los actuales y futuros servidores públicos, esta imagen se ha convertido en un símbolo de advertencia. Demuestra de manera fehaciente que los cargos en el tren gubernamental no son eternos y que, tarde o temprano, la transparencia institucional y las consecuencias de las decisiones tomadas desde el despacho pasan factura, sin importar el nivel de influencia política que se haya ostentado en el pasado.




